DÍA DE LA ESCLEROSIS MÚLTIPLE
El mundo gira constantemente, rápido, demasiado rápido. La vida nos atropella constantemente y las obligaciones autoimpuestas o a las que nos someten otros nos arrollan, nos agotan y cual zombis arrastramos un pie y otro siempre hacia ese pasillo estrecho e individual que se ha tornado nuestro futuro. En una mano una página con un listado de cosas por hacer, trabajo, viajes, posts… En la otra un listado de cosas que arreglar, nuestro cuerpo, nuestra imagen… Nunca suficientes, nunca pudiendo cumplir con todo y corremos y corremos tras esas metas sin darnos cuenta de que estamos corriendo en círculos.
Mientras, hay personas, muchas, que miran desde fuera la vida pasar. Personas que no pueden, por la razón que sea, vivir esa vorágine de esa manera. Personas que la sociedad arrincona como inservibles cuando en realidad son los verdaderos ejemplos a seguir.
Porque el verdadero mérito no es jugar el juego, es saber que no puedes jugarlo y aun así seguir. Es abrir los ojos cada día sin esos checklists que guían a la mayoría. Inventando cada jornada en tu corazón, en tu mente y en tu espíritu. Tus propios objetivos, tus motivaciones, tus razones para vivir. Y hacerlo en el dolor, en la frustración, en la incertidumbre. Desgañitándose en gritarles a los zombis que dejen de perseguir imposibles para unir sus fuerzas a las suyas y juntas lograr tratamientos, curas… y juntas conseguir espacios de cuidado, de compañía.
Y que no te oigan. Y aun así se grita, y se grita más fuerte y cuando parecen rendirse, esas personas que por estar en el margen son más fuertes que ningunas, levantan su cabeza de nuevo. Y vuelven a gritar y a luchar y a intentarlo. Porque no hay más forma de transitar la vida que vivirla y están dispuestas a aprender eso a base de perseverancia y resiliencia. Independientemente de creencias, de miedos, de estigmas, de indiferencias.
Esas personas que crean cada día con sus gestos, acciones, pensamientos y sentimientos son al final las más poderosas, las más significativas, las más admirables. Quienes siguen el camino de todos, con las normas de todos y con un mapa en la mano de mandamientos propios y del sistema, al menos tienen un hilo de certidumbre. Una luz que ilumina el camino con creencias compartidas.
Pero quienes avanzan a oscuras, sin saber si hay suelo más adelante, sin saber si habrá luz, sin saber si el frío pasará o el dolor dejará de doler… Esas personas son increíbles. Pero no debiéramos sólo ponerlas en un pedestal. También deberíamos como sociedad, crear la situación para que puedan descansar, darles esa certidumbre, esa seguridad. Trabajar e investigar para paliar el sufrimiento de hoy y de mañana. Favorecer que entre todos se den las condiciones materiales para una vida digna.
Porque la épica es muy emocionante en las películas, pero la vida no debería ser una batalla constante.
La vida debería ser el aprendizaje para ser felices y sólo juntas se logrará.
Valorando la verdadera épica que reside en la revolucionaria idea de que todas tenemos derecho a ser felices y tener una vida digna. Mirando desde la vorágine a los márgenes y aprendiendo siempre unas de otras. Juntas. Compartiendo el dolor para no olvidar nunca que es en la acción conjunta que podemos terminar con él.
Juntas. Siempre.
Frena. Escucha.
Te están gritando.
Tomémosnos de las manos. Cambiemos todo. Luchemos juntas y logremos que nadie más avance sola en la oscuridad.

Dedicado a AELEM, y espcialmente a Eva Cirera
Míriam Pasalodos Vaya